Pero la música de Julian Fane es tan seria como un domingo tarde sin amigos. Sus letras transcriben en tono épico esa sensación de vacío del que es consciente que al aburrido domingo le espera el no menos temido lunes y así hasta que te mueras. Algo hay de esa desesperanza ante lo cotidiano en la música del espigado compositor que decidirá combinar a priori en su tracklist sus temas ambientales con esos otros vocales en un estudiado intento por mantener equilibrado su malabarismo a tres manos entre su manipulador de samplers, el sintetizador de encima y el inevitable portátil del manzano. Entonces a la media hora, justo a mitad del directo, sucede lo inesperado, la anécdota que recordarás de toda esta experiencia se presenta que ni pintada cuando el artista recurre al idioma gestual para avisar a los técnicos que trabajan desde el otro lado de la sala y traducirlas al oral con unas cuantas palabras en inglés cerrado: “Necesito ayuda, aquí hay algo que no funciona!”. Aviso gratuito por cuanto nuestro héroe para en seco el sudor frío del asistente girando sobre su eje y metiendo la mano en su maleta para sacar con pasmosa tranquilidad una nueva batería con la que dar de mamar a su Mac. Nueva lección, uno nunca debe abandonar las nevadas montañas de British Columbia sin una batería de socorro. Una vez superado el susto general el nuevo valor del sello de Mike Paradinas se atreverá con los acolchados teclados de su tema vocal “Darknet”, en una sinfonía delirante, reveladora de imágenes más propias de una iglesia que de un live act y de lo mucho que también se parece en directo su voz a la de Thom Yorke. Claro que una disposición sónica más envolvente nos hubiese ayudado a ver la luz en un concierto de realización técnica algo compleja en la secuenciación de temas y que rodó entre luces y sombras que despejaron algunos momentos puntuales como los violines sintetizados de esa nana apocalíptica que es “Disaster location” o esa maraña de bajas frecuencias cuando recuerda algo a los primeros LFO. Por eso, para cuando Julian Fane se quitó sus gafas de robusta montura y nos dio las gracias ya estábamos totalmente convencidos de que, efectivamente, “Special Forces” es un gran disco.