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¿Cuáles son las claves de su trabajo?
La libertad. Mucho de lo que ahora mismo hago con mi trabajo se lo
debo a Miguel Mendoza. A la hora de pinchar hay mucha gente que lo
interpreta como un trabajo laboral clásico; vengo, pongo discos
y cuando termino, cobro y me voy, como si fuera un trabajo más.
Miguel me dijo una vez: “Iván, pincha lo que te guste”.
Y eso es lo que hago. Se trata de expresar lo que tú sientes.
En Coppelia las cosas salen bien porque la gente ha cogido esa idea.
Yo tengo mi sonido, al igual que Miguel Mendoza tiene el suyo, y sin
olvidar nunca, que estamos ahí para que la gente baile. En
Coppelia la gente tiene que bailar y tú te tienes que expresar,
y sobre todo mantener una línea.
¿Cuál ha sido su evolución musical?
Yo he evolucionado un montón, incluso hay ciertos estilos
que los he abandonado, como el house. Ahora mismo en Coppelia soy
feliz y disfruto como un niño, me siento como cuando empiezas
a pinchar. En el club las cosas van bien porque la gente siente el
momento en el que me encuentro. También es cierto que nos ha
costado un montón. Ha habido una temporada en Coppelia que
aquello realmente no sabíamos si la gente lo iba a aceptar.
Nosotros no nos íbamos a apear del carro, nuestro concepto
era nuestro concepto, y eso había que seguirlo. Nadie nos obligaba,
pero lo hemos hecho porque nosotros hemos querido, y la gente ha ido
poco a poco entrando en el club y apreciando lo que hacemos. Yo me
siento muy feliz. Cada noche salgo de allí muy contento.
¿Contento en qué sentido?
Yo lo digo con el corazón. Me pillo unos “moraos”
pinchando, y no bebo ni me drogo. Porque estás ahí con
la peña y llega un momento en el que se crea una situación
tan personal que cuando termino de pinchar tardo, por lo menos, 15
minutos en volver a sentir el suelo. Sobre todo los cierres son...
¿Cómo llega un dj tan alto en apenas 7 años?
Años de garitos de mala muerte me he comido unos cuantos. Mi
primera gran sala en el circuito profesional, creo que fue Cocoon
o Long Play. Desde ese momento hasta ahora ha sido un no parar. Un
dj crece cuando empieza a comprar música a un nivel serio.
Te paras a pensar y dices: “yo no me puedo quedar sólo
con unos discos”. En el momento que tienes una residencia tienes
que estar todas las semanas refrescando un poco al personal. Sobre
todo con el ‘pique’ personal sano que tengo yo con muchos
amigos de intentar buscar una música que no sea el sonido que
toda la peña que pincha está reflejando en sus sesiones.
Que a veces lo consigo y a veces no. El pique es sobre todo con Álvaro
Cabana, es mi ‘brother’, con el que tengo un ‘pique’
súper sano y me digo a mi mismo, “pues a ver si le sorprendo
con este disco”. Que luego a lo mejor me sorprende él
a mí con otro. Pero como que ya te empiezas a meter en ese
rollo de buscar nuevo material por las tiendas, y es que esa acción
de buscar es en si misma casi una profesión. La de horas que
puedes pasar para encontrar cuatro discos, que luego a lo mejor te
suponen los detalles que hacen que una sesión sea buena. Desde
pequeño he sido siempre muy cabezota, y cuando me he propuesto
algo he ido a por ello.
De ese “pique” entre amigos nació Inner Life
¿Qué ha sido de aquel proyecto?
Estamos metidos en Scubba Dive Music [sello que Ivan ha creado junto
a Kiko Barba, Álvaro Cabana, Vasco Ispirian, Gauss Control,
Eloy…]. Estamos en un momento que nos ha dado a todos la enfermedad
del pluggin, de hecho le llamamos cariñosamente “Plugginspain”.
Andamos bastante concentrados en la producción. Álvaro
y yo tenemos nuestro disco. Este mes nos llegan unas promos de la
primera referencia de Scubba Dive en la que estamos metidos los cuatro.
Tenemos ideas de hacer cosas con Inner Life, un colectivo que nació
con el fin de que cuatro amigos hiciéramos lo que nos apetecía,
y en eso seguimos. No lo hemos dejado de lado, es más, ha evolucionado
bastante. Ahora en vez de ser cuatro somos ocho. Es un jaleo, hacer
un disco, producírtelo tu, pagártelo tu, gestionarlo
tu… todo. No nos ha apoyado nadie. Scubba Dive Music nació
porque queremos hacer nuestra música, para poder editar los
temas que nos apetezcan, para no tener que estar bajo los parámetros
del mercado y hacer lo que se vende por ahí. Pero sacar lo
que yo quiero cuesta mucho, sabemos que no nos va a dar beneficios
a corto plazo, evidentemente, quizá a la larga produzca algo.
Y algún recuerdo especial de tu periplo por las salas madrileñas.
(Se lo piensa…) Con cariño muchas… ¿Sabes
dónde me lo paso fenomenal cada vez que voy? ¡¡¡En
el Ya´sta!!! Es que es genial. Allí he hecho casi todo
tipo de sesiones y siempre he conseguido una complicidad muy curiosa.
El público del Ya´sta es bastante diferente al público
del resto de salas de Madrid, es una mezcla. He pinchado en sesión
de techno los viernes, en sesión de trance del jueves, de electro
también los jueves, en una rave de estas de Pachamama, mil
tipos de sesiones. Y todo el público es gente joven que va
a oír música, entonces voy con ilusión, porque
no es una mega sala de la repanocha. Pero siempre voy con ilusión.
Además, a la gente que trabaja allí le tengo mucho aprecio.
Luego eventos más esporádicos que he podido tener, pues
me lo pasé fenomenal en el Cream. Aquello fue divertidísimo,
estábamos Kiko y yo mano a mano, una noche antológica.
Luego también en el Ohm, que fue una serie de viernes que estuvimos
yendo los cuatro del colectivo, Álvaro, Vasco, Kiko y yo. Si
te digo la verdad es que me lo paso bien en todas las salas.
Pareces el dj feliz…
Pienso que el que no se lo pasa bien no vale para esto.
¿Feliz también de la escena de música electrónica
que hay en Madrid?
Se está generando una escena nueva, yo diría que es
la segunda generación. Evidentemente Madrid tuvo su escena,
y bastante hizo ya por nosotros. Yo, por ejemplo, me he criado a base
de Bozoo Records. Conozco lo que han hecho en Madrid durante años.
La primera noción tengo de pisar un club en mi vida fue Bali
Hai, que por otro lado, es un local mítico para muchos. Además
lo que conllevaba Bali Hai, los sellos que de allí salían,
la revista Undersounds, que generó una escena en Madrid y poco
a poco aquello se rompió. Pero que ahora volverá otra
vez si todos nos apoyamos como debe ser, y creemos en el trabajo de
los demás. Hay que valorar los esfuerzos de la peña.
Además que por parte de muchos sellos internacionales hay un
interés por Madrid. No por España, por Madrid, que España
de puta madre pero ves, por ejemplo, Barcelona se ha encargado de
hacer una escena de puta madre, y se han encargado ellos y se lo han
currado muchísimo. Barcelona es para mí un sitio muy
interesante, de vez en cuando hay que pasarse por allí, además
que allí viven dos personas a las que tengo mucho aprecio.
Ahora nos toca a nosotros.
Ahora nos toca a nosotros. Pero en Madrid se oyen muchas voces
que se quejan del conservadurismo de muchos dj´s, de salas que
siempre traen a los mismos…
Este es un tema escabroso. De esto me quejo casi a diario. Lo que
opino es que retrasan en vez de adelantar. Por ejemplo, el concepto
de house music, que para mí tenía todo el respeto del
mundo, ahora se me parece más a lo que antaño llamábamos
“bacalao”, que a lo que realmente era en un principio.
En un club donde antes oías dance o máquina, que para
mí es música respetable, ahora lo que la gente quiere
es house, pero porque ya este tipo de música lo han transformado
en una especie de sonido parecido al house. Se olvidan de que una
cosa es una macro discoteca como puede ser Space, y otra cosa es un
club. Si en una macro discoteca quieren poner pachanga, pues que la
pongan porque tienen unos costes altísimos y tienen que pagarlos.
Pero la esencia del club siempre ha sido el underground puro. En un
club vas a oír una música, que a lo mejor en unos años
la oyes en la radio o en un macro discotecón, o a lo mejor
ni la oyes. Pero eso de que los clubs también se pasen a ese
rollo y programen esa música porque sólo les queda ese
remedio, me parece muy fuerte. En el momento que ya no pones la música
que tú quieres sino la que te impone un promotor, una tendencia,
el público, ya no vales como dj, ya no vales… No es que
estés acabado, estás vendido. Te conviertes en un hostelero,
trabajas en el negocio de la hostelería. La música no
comercial tiene que ir por delante, y tiene que ir marcando una tendencia.
Hay ramas como la electrónica dentro de la música que
son súper punteras, y dentro de la electrónica ramas
más punteras aún. No se si dentro de un año en
Coppelia acabaremos poniendo Rock&Roll, pero ahí estaremos,
nunca se sabe. No me puedo quedar en el sonido de Coppelia de hace
un año, ni siquiera en el que estoy ahora.
¿Es ese el éxito de Coppelia?
Es eso y porque Miguel Mendoza ha apostado por algo que tenía
claro desde hace muchísimo tiempo. Coppelia es el pensamiento
de Miguel plasmado en un club. Y eso que no tiene toda la libertad
del mundo porque tiene que tener en cuenta ciertas cosas. Coppelia
es la única alternativa que ahora hay en Madrid a cierto tipo
de clubs. Tu sales un viernes y puedes oír un estilo de música
en el 90% de los clubs, y en el otro 10% igual hay un par de ellos.
Y para seguir creciendo ¿cuáles son los proyectos
para el 2004?
Lo que quiero hacer ante todo es producir. Mi proyecto es llevar adelante
nuestro sello. Por supuesto intentar que Coppelia siga lo mejor que
pueda. Hay que intentar mantener ese ascenso, seguir ganando puntos
y que el público se sienta más a gusto. Aportar cosas
positivas, no sólo con mi sesión de dj, sino también
con mis propias producciones, y con esto beneficiar a 101. Este puede
ser un buen año para sacar cosas, tenemos preparados un par
de invitados sorpresa, que no puedo decir porque Miguel me corta las
pelotas, pero que pueden dar bastante que hablar. Pero si me preguntases
cual es el objetivo en mi vida te diría que se me oyera en
todo el mundo, en todo el globo.
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