ENTREVISTAS

Oriol Rossell
Oriol Rossell
Publicada el 21 Octubre 2009 por David Puente
Oriol Rossell participa en la conferencia El Nuevo Orden Mundial con la que se inaugura la presentación del colectivo Experimentaclub en Barcelona. Rossell es programador, periodista, comisario de la programación de Sónar pero seguramente te suene porque es el encargado de los capítulos Oigo un mundo nuevo: los pioneros de la música electrónicaHemorragias de placer: la segunda revolución industrial del celebrado libro Loops. Una historia de la música electrónica. Actualmente se encarga del laboratorio multimedia que desde el teatro L’Estruch de Sabadell buscará la implementación de nuevos medios en las artes escénicas contemporáneas. Con él estuvimos hablando al final de su charla.
¿Que Occidente se fije en estos nuevos puntos de interés geo-musicales no se deberá a que la industria busca más vida o animación en tiempos en los que parece todo inventado?
No, creo que se debe a una moda. Hemos vivido una época de mucha confusión en cuanto a valores estéticos e informativos. Antes se buscaba la novedad y ahora se potencia el “exotismo”. A la industria ahora le interesa explotar lo distinto, la otredad. Nos fijamos en lugares considerados exóticos. Simplemente ha habido un cambio de paradigma. El atractivo comercial de la música viene ahora de lo lejano, lo exótico, lo remoto. También hay miedo al Tercer Mundo. Siempre mola más un negrito que canta que uno que viene a trabajar en la obra. Una cosa es hacer un safari en Tanzania y otra la matanza entre Hutus y Tutsis. Las dos realidades son exóticas pero la una mola y de la otra mejor no enterarse porque para disgustos ya tengo yo los míos. La gente prefiere “el souvenir artístico” que de aquí un mes se arrinconará y a otra cosa.

¿Usted cree que ese interés no es imparable sobretodo ahora que los festivales programan ese tipo de “exotismo musical”?
La historia ha demostrado que estos fenómenos no tienen redundancia más allá de un producto concreto. Fela Kuti, por ejemplo, impactó en la sociedad occidental pero del afro-funk ahora se acuerdan cuatro.

Igual nos hemos cansado de los ritmos a los que estamos acostumbrados y la industria busca nuevas minas del Rey Salomón…
Supongo que si pero siempre con una distancia prudencial de por medio. Nos quedamos con lo que mola. Se impone el safari cultural y la corrección política. Es un espejismo cultural, ese interés no responde a un ímpetu trasnacional entre Norte y Sur.  La gente de aquí se acerca a la música de países supuestamente tercermundistas con cierta condescendencia. No es la misma curiosidad con la que te acercas a la última producción de un Dj norteamericano o berlinés.

Ese poso es imposible en el supuesto primer mundo.
Mientras uno de los mundos domine al otro seguro que si. Es una cuestión materialista, de diferencias económicas que tienen resonancias culturales. Pero la diferencia principal, lo que nos separa a los dos mundos, son intereses meramente económicos.

Entonces las nuevas formas de comunicación en internet no están revolucionando nada en esencia en ese acercamiento a “otras” músicas.
En cierta manera ha acabado con un emporio de dominación cultural. Pero sigo insistiendo, ¿por qué todos los fenómenos surgidos de Myspace y que trascienden son básicamente anglosajones?

Lo que si es cierto es que faltan grandes nombres para nutrir festivales. Con las bandas de cobertura reducida que se ven favorecidas por las redes sociales no se llenan carteles.
Pero es que yo no quiero ni ídolos, ni héroes que vengan a salvar la industria. Hay una escena mucho más caótica y en cultura el caos es necesario. Pero eso no quiere decir que las formas de dominación clásicas no sigan ahí, como agazapadas. ¿No hay grandes nombres? Pero los habrá. A la gente le han enseñado a creer en iconos culturales. Al sistema le interesa que haya referencias reconocibles.

Por cierto, usted también produce en netlabels como el de Experimentaclub (exp_net).
Si, llevo más de diez años haciendo música experimental pero no he publicado nada en físico. Me he ganado la vida musicando obras de teatro y de danza que son las únicas disciplinas que te pagan por hacer “ruideras” y sin necesidad de caer en el bombo,  el cuatro por cuatro y demás gaitas. Yo no hago canciones porque no sabría por dónde empezar.

¿Y por qué parece tenerle tanta manía al bombo…?
No, que va, si a mi me gusta el bombo. La música de baile no es buena o es mala. Hace bailar o no. Es decir, funciona o no. Me encanta la electrónica de baile porque ha conseguido que se relativice el peso de la obra. Por eso me encanta. Pero por eso mismo no me voy a preocupar en estudiarla.

La electrónica entonces se ha ido “pop”ularizando
Si, algo así. En electrónica, el audio per se tiene una importancia vital. El valor de la pieza en el pop se basa en la composición. En el caso de la electrónica la importancia reside en la “especialización” del audio que suenan en un track. No en lo que suena, si no en por donde y cómo suena. Hay muchos músicos que lo que crean son experiencias de inmersión sónica, como por ejemplo Francisco López. No hace piezas para que la recuerdes, si no para que la experimentes. Son niveles de intencionalidad diferentes a la hora de enfrentarse a una composición.

Con el tiempo el techno se ha erigido popularmente en estandarte de la música electrónica en general. Ese hecho tal vez ha cerrado más mentes que no al contrario.
Evidentemente. Hay un género que destaca y se establece un patrón. Pero deberíamos acotar las cosas. A la mayoría de los consumidores de techno, ni les interesa ni escuchan otras músicas electrónicas. No lo critico. Habría que hablar de techno, no de música electrónica. ¿La electrónica críptica? Bueno, tanto como el arte contemporáneo. Hasta que no se le explique a la gente cómo escuchar o consumir esta música seguirá habiendo malentendidos. Me hace gracia cuando se prepara una mesa redonda sobre electrónica y cuando llega la hora de la verdad los gestores se preguntan cómo es que ha venido tan poca gente. “¿Y qué coño esperabas?”, pienso yo. Es normal que haya poco interés por el arte contemporáneo si la gente no sabe cómo mirar un cuadro. Así es imposible que los museos estén llenos.

Entonces eso de que los clubs debían “culturizar” y demás… ¿ha fracasado del todo o ya de principio era más bien una falacia?
¿Por qué existe esa obsesión en dotar de coartada intelectual a la música de baile? Se pasa todo por el filtro de la credibilidad intelectual y hay disciplinas que no necesitan de esa pátina. Se puede hacer un estudio antropológico o cultural pero esta manía por intelectualizarlo todo es que me puede. Sin ir más lejos, el Sónar decidió eliminar las mesas redondas porque no iba ni Dios.
 
¿Sigue escribiendo ensayos sobre música electrónica?
Lo dejé hace un tiempo. Hacer crítica musical hoy en día es absurdo. Los cronistas antes gozábamos de un status que nos facilitaba la exclusividad de la información. Ahora todo el mundo puede llegar a esa nota antes incluso que el propio periodista. Tener una buena colección de discos en casa no es sinónimo de escribir bien sobre música. Para mi escribir sobre música debería ayudar a contextualizar las cosas. Es más una tarea de conectar los diferentes fenómenos musicales. Hoy día no puedes hablar de música sin relacionarla con otras disciplinas. Creo que la crítica debería replantearse de arriba abajo pero los que publican este tipo de información están aferrados a viejas formas condenadas al fracaso. Además muchos de los que publican artículos de música electrónica no sólo se atreven a hablar de lo que no conocen si no que además siguen pensando que su público es tonto del culo.

¿Por qué piensa que muchos periodistas aún se atreven con la música electrónica?
Porque muchos piensan que es un sólo género y además estanco. No se les pasa por la cabeza de que la música electrónica es más bien un medio. De hecho, un porcentaje muy elevado de lo que se llama música electrónica es más bien música hecha con electrónica. Que no es lo mismo. Depeche Mode no es un grupo de música electrónica, utiliza elementos electrónicos, pero sus canciones se pueden tocar con guitarra, bajo y batería. Una pieza de música electrónica sólo existe en el contexto de la electrónica. Si no existiera esa tecnología no existiría esa estética.
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