A caballo entre Colonia y Brooklyn, Tom Krell fue una de las grandes
sorpresas de 2010. Estudiante de filosofía durante el día, productor
casero de noche, su álbum Love Remains, una extraña combinación de pop
de baja definición, r&b de principios de los noventa y falsetes
reverberantes, acabó colándose en unas cuantas listas de lo mejor del
año gracias a su naturaleza etérea y vaporosa.